En su faceta más racionalista, y como te he comentado más de una vez, el humano amontona las cosas y las personas siguiendo un orden establecido. Lo que no comprendo es que, si puedo ordenar las cosas siguiendo infinitos patrones, qué utilidad tiene hacerlo. Me impide la clasificación cruzada. Y me da rabia porque creo que ciertos elementos se merecen el respeto de verlos como lo que son y no como a lo que pertenecen: las obras de arte, las canciones, las ex-novias...
También lo hacen con el único alimento que existe en todas las comunidades humanas (otra cosa es que lo prohíban) desde que el hombre bajó de los árboles y se puso a cultivar cereal: las bebidas alcóholicas.
Es hipócrita clasificar semejante universo según los patrones humanos. Es desmerecer la gama de sabores más variada de toda la gastronomía terráquea. Y lo digo porque, querido sobrino Gobbo, ahora mismo paladeo un whiskey escocés de 18 años. Solo se puede paladear whiskey. No hay manjar ni bebida digna de tener un verbo dedicado a lo que supone su deleite. El whiskey no se bebe, se paladea. ¿O acaso las trufas se comen? No, se saborean. Una bebida que necesita tantos años como la maduración de una vida humana merece respeto, merece ser paladeada, merece entender su aroma, su fuerza, el recuerdo de corteza rojiza, oscura, de veta negra como la piel de los pumas.
Desde que estoy en este mundo de humanos, prisas y clasificaciones, creo que lo único de lo que podrían estar orgullosos es de haber creado esta bebida hace casi mil años y seguir destilándola. Es la única tradición que tienen que no ha provocado jamás guerra alguna... Salvo cuando prohíben su consumo.
También lo hacen con el único alimento que existe en todas las comunidades humanas (otra cosa es que lo prohíban) desde que el hombre bajó de los árboles y se puso a cultivar cereal: las bebidas alcóholicas.
Es hipócrita clasificar semejante universo según los patrones humanos. Es desmerecer la gama de sabores más variada de toda la gastronomía terráquea. Y lo digo porque, querido sobrino Gobbo, ahora mismo paladeo un whiskey escocés de 18 años. Solo se puede paladear whiskey. No hay manjar ni bebida digna de tener un verbo dedicado a lo que supone su deleite. El whiskey no se bebe, se paladea. ¿O acaso las trufas se comen? No, se saborean. Una bebida que necesita tantos años como la maduración de una vida humana merece respeto, merece ser paladeada, merece entender su aroma, su fuerza, el recuerdo de corteza rojiza, oscura, de veta negra como la piel de los pumas.
Desde que estoy en este mundo de humanos, prisas y clasificaciones, creo que lo único de lo que podrían estar orgullosos es de haber creado esta bebida hace casi mil años y seguir destilándola. Es la única tradición que tienen que no ha provocado jamás guerra alguna... Salvo cuando prohíben su consumo.













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