lunes, 7 de febrero de 2011

¡Qué país!

Partamos de la base de que España es el país que se rebeló, levantó y pronunció contra todo aquel que viniera a darle mayor libertad e igualdad: los romanos, los arrianos, los calvinistas, los protestantes, los ilustrados, la Francia revolucionaria, la República y la ley antitabaco.

Partamos de que España es un país dónde un mayor número de lenguas no es sinónimo de mayor cultura, sino de mayores enfrentamientos. Este es el país dónde es criticable escribir Cataluña, Lérida o San Sebastián en textos en lengua castellana pero usar una Ñ en textos catalanes se considera poco menos que apología del fascismo.

Partamos también de que este es el país dónde existe una Ley de Interés General que regula el número mínimo de partidos de fútbol que se han de emitir en abierto pero no se establece un mínimo de programación infantil, de divulgación o de información gubernamental en los canales públicos.

No dejemos de tener en cuenta que en España no se juzgó a los autores de 40 años de dictadura para facilitar de este modo la llegada de la democracia. Porque todos sabemos que en este país, de no haberse hecho así, todavía seríamos una dictadura o estaríamos desde los setenta en guerra civil.

España, como si de un ser con entidad propia se tratara, es insultada y vejada por sectores de otras comunidades autónomas que se autoproclaman contrarias al paletismo hispano. Comunidades donde se segrega a los estudiantes según sea su lengua materna, donde el vicepresidente promueve el boicot comercial a otras ciudades del Estado o donde el responsable de Sanidad fue también el jefe de la patronal de mutuas médicas privadas.

España es el país donde se puede ser concejal y, por tanto, recibir un sueldo público pagado por todos con discursos que promueven, entre otras cosas, la negación de servicios médicos a inmigrantes, reducir la edad mínima para ingresar en prisión hasta los 14 años o que el inmigrante deba aprobar un examen sobre España para obtener la residencia.

España es ese país donde muy pocos de sus ciudadanos aprobarían ese examen.

España es un país donde Pío Moa es presentado como historiador; donde Eduardo Inda es periodista; donde Josep Anglada es concejal; donde Belén Esteban es tertuliana. Donde el disco más vendido es de Bustamante, el libro más leído de Ana Rosa Quintana y el programa de televisión más visto es Sálvame.

España, con todas sus eñes y todos sus cojones, es un país dónde es irrespetuoso criticar que se crea en Dios, pero se puede insultar al homosexual o a la mujer promiscua. La tierra donde la tauromaquia es cultura y debe ser defendida, pero los juegos de rol sufren eterna condena sin ni siquiera saber qué son en realidad.

Teniendo en cuenta todo esto, la pregunta es: ¿Cómo te puedes sentir orgulloso de ser español, catalán, vasco, murciano o cualquier cosa entre los Pirineos y Portugal? El español debería, cuanto menos, callarse y escuchar a los mayores. Porque este es el país del hablar, del opinar y de la colocación del ego hispánico por encima de todo. Aquí todo vale para ser ridículo. Echan pestes de la casilla de la Iglesia en la declaración los que jamás han donado a ONG laica alguna. Criticaron el divorcio los que antes cambian fajas por tangas. Se llaman creadores y artistas y defienden los derechos de autor aquellos elegidos mediante concurso televisivo para ser la imagen de piezas sin alma compuestas en serie. Habrá países con tantos ejemplos de absurdo patriotismo, absurdo nacionalismo y absurdo independentismo como éste, sin duda. Porque si de algo podemos estar seguro es que gilipollas hay en todos lados, aunque por suerte la gente buena suele ser mayoría. Por eso es tan fácil manipular, porque nadie cree que el prójimo es capaz de comportarse así.

1 respuestillas:

  1. los mayores son de los mas culpables de que todo esto sea así...

    ResponderSuprimir